El clítoris de Petro

No supe sino días después que el presidente Petro —cuyo gobierno he respaldado como ciudadana de a pie— se había expresado de forma grotesca y torva en un consejo de ministros sobre las mujeres, en especial las jóvenes. Se trata, sin duda, de una expresión machista, sexista y misógina, del mismo registro que aquella de Trump: “Grab them by the pussy” (“Agárralas del coño”), frase con la que la periodista María Cristina Restrepo abre su artículo en El Espectador del 23 de septiembre. El periodista Felipe Zuleta, por su parte, aprovecha el escándalo para ofrecernos un recorrido por la historia universal del clítoris, mientras Las Volcánicas publican un reel que cuestiona —con razón— la ignorancia del presidente sobre el feminismo y su indomable condición patriarcal.
El día en que se transmitió el consejo de ministros por televisión, intenté verlo. No pude. Apagué el televisor y me refugié en un libro, uno bueno, bien escrito, con una elaboración simbólica que asombra y eleva el espíritu. Petro no es el modelo de líder de izquierda que quisiéramos las feministas de izquierda. Lo reconozco. Hay algo en sus maneras que incomoda, y lo hemos dejado pasar porque entendemos que es la primera vez que un candidato de izquierda llega a la presidencia de Colombia. Ese hecho, en sí mismo, es tan significativo como la Revolución Francesa o la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos.
Solo hoy comprendo con claridad las razones de mi malestar. Petro, además de ser una persona de izquierdas, es un hombre educado en esta cultura colombiana que tanto ha obstaculizado el progreso del país. A pesar de su inteligencia, su formación política, su conocimiento histórico y su compromiso con el cambio, lleva dentro un macho típico que ha aprendido que todo lo relacionado con la feminidad es motivo de burla, chiste o banalización. Como Trump. Como tantos otros.
Y como buen colombiano, recurre a hipérboles irónicas y burlescas para expresar puntos de vista que aún no logra elaborar en un registro lingüístico acorde con el rol de un mandatario que pretende transformar este proyecto de república. Cambiar para mejorar, no para perpetuar el uso torpe de la lengua que, pese a la instrucción básica y el acceso a la cultura, no logra que se desprenda del Cro-Magnon que lleva dentro. Sorprende que alguien que cita a Marx o a Sartre con tanta altura, cuando habla de mujeres, no supere el lenguaje chabacano con el que a menudo nos insultan por la calle.
Su manera de referirse a los embarazos adolescentes dista mucho de los grandes debates ilustrados que le vimos en el Senado hace ya tiempo. Este no es el mismo Petro. Aquel era el ilustrado. Este es el ignorante y burdo que no queremos escuchar. Algunas personas —incluso mujeres— celebran las expresiones chabacanas del presidente. Alegan que así habla el pueblo, que así se comporta la gente de sectores populares, y que debemos acostumbrarnos a ese nuevo viejo estilo. No estoy de acuerdo. Tal vez un sector, sí. Pero no por ser popular se habla mal o se actúa con torpeza. Eso no es cierto.

Luce Irigaray, filósofa feminista francesa, se pregunta en su libro El espejo de la otra-mujer por qué pensadores como Aristóteles, San Agustín o Freud, al referirse a las mujeres, resultan tan irracionales. ¿Cómo es posible que, siendo tan sabios, profieran expresiones tan burdas y canallas que colocan a las mujeres en el nivel de las bestias, los demonios, lo monstruoso y lo absurdo?
Cuando el presidente Petro dice que “cuando las mujeres conecten su clítoris al cerebro” se acabarán los embarazos precoces y la violencia sexual, está diciendo lo mismo que si afirmara que “cuando los hombres conecten su pene al cerebro” se acabarán esos mismos problemas. Es una frase que revela ignorancia, desprecio y una profunda desconexión con las realidades que dice querer transformar.
La madre de una amiga muy querida decía, durante la campaña presidencial que llevó a Petro a la presidencia, que no se podía confiar en un hombre que había tenido cinco hijos con tres mujeres distintas. Su opinión me pareció cruel. Pero, ahora pienso que es fundamental tener en cuenta la responsabilidad de las personas frente a su sexualidad y su reproducción —sean heterosexuales u homosexuales.
Lo que exigimos a los líderes políticos de izquierda es una transformación radical. No basta con proyectar el cambio en las relaciones económicas y políticas. Es necesario desmontar el comportamiento machista, por el bien de la sociedad y de la nación que deseamos construir.
Bogotá, 2 de octubre de 2025

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