Una vez más, un político —Juan Daniel Oviedo— se refiere a las mujeres en un lenguaje que las reduce, esta vez no a su función sexual, sino a su función reproductiva. Lo hace en el mismo registro lingüístico que Petro, Trump y otros hombres que desde posturas ideológicas antagónicas, se expresan sobre las mujeres en los mismos términos.
Las feministas tenemos claro que los hombres, en general, no reconocen la alteridad ontológica que encarnamos las mujeres, ni siquiera la de las mujeres de su propio entorno. El Sr. Oviedo en este caso usó la expresión “ya hay menos mujeres para parir” en una entrevista de la revista Cambio que por supuesto no escuché. Hace rato que no sigo los medios masivos y corporativos de información por razones como esta. En este caso decir que hay menos mujeres para parir es como decir que hay mujeres que ya no sirven para parir, como un cultivo que ya no da fruto, como una máquina de escribir o un teléfono análogo, algo anacrónico y obsoleto.
El Sr. Oviedo, que como director del DANE generó empatía por sus explicaciones rigurosas y sus impecables cuadros estadísticos nos dejó creer que la misoginia y el machismo estaban cediendo. Pero, no, el Sr. Oviedo con todos sus diplomas, su guardarropa inglés, su plateado cabello que agita al viento tan seguro de sí y de su imagen, al hablar de las mujeres deja salir el macho primitivo que lleva dentro. Ya no hay mujeres para parir, ya no hay vacas que den leche.
Oviedo, como los demás, fue educado dentro de un orden patriarcal que no reconoce la dignidad humana de las mujeres, que considera desde el paleolítico superior que las hembras humanas son entes creados por dios o la naturaleza para uso y servicio de los hombres, igual que las aves de corral o las herramientas de trabajo. En ese orden de ideas las mujeres sirven para cuidar y parir. Solo hace poco en un país del Cercano Oriente se revocó una ley que decía que las mujeres eran semovientes como las vacas o los asnos. Este cambio fue muy celebrado, en horabuena.
Pero, a pesar de que las leyes misóginas y denigrantes se estén revocando, las mentalidades no, estas cambian muy lento y se requiere de una profunda toma de consciencia que la mayoría de hombres no logra a pesar de que tengan consciencia de clase y de género.
Es verdad que el mundo de hoy enfrenta un grave problema de población. No están naciendo niños ni niñas, lo que es aún más grave. Si el Sr. Oviedo estuviera de verdad interesado en entender y explicar el problema podría haber recurrido a las múltiples investigaciones que explican este fenómeno desde una mirada compleja y no desde un reduccionismo biológico y sexista. Estas investigaciones señalan que hay una diversidad de razones para explicar este fenómeno:
Factores económicos y laborales: altos costos de crianza: Muchas familias no pueden costear los gastos asociados a tener hijos, como vivienda, salud, educación y alimentación. Inestabilidad laboral y precariedad económica: La incertidumbre sobre el futuro económico lleva a postergar o renunciar a la maternidad/paternidad. Falta de políticas de conciliación: La escasez de licencias parentales, guarderías accesibles y horarios laborales flexibles dificulta combinar trabajo y crianza.
Cambios culturales y de valores: mayor acceso a la educación y al trabajo para las mujeres: Esto ha ampliado sus proyectos de vida más allá de la maternidad, y muchas priorizan su desarrollo personal y profesional. Cambio en las aspiraciones vitales: Cada vez más personas eligen no tener hijos o tener solo uno, valorando la autonomía, el tiempo libre y otras formas de realización. Retraso en la edad de maternidad/paternidad: Las personas tienen hijos más tarde, lo que reduce las posibilidades biológicas y el número total de nacimientos.
Preocupaciones ambientales y sociales: crisis climática y ecológica. Algunas personas deciden no tener hijos por temor al futuro del planeta o por razones éticas relacionadas con la sobrepoblación. Incertidumbre global: Guerras, pandemias, crisis políticas y sociales generan un entorno percibido como inseguro para criar nuevas generaciones.
Falta de apoyo institucional: débil protección social. En muchos países, especialmente en desarrollo, no existen redes de apoyo suficientes para madres, padres o cuidadores.
La persistente desigualdad de género. Las mujeres siguen asumiendo la mayor carga del trabajo doméstico y de cuidados, lo que desincentiva la maternidad en contextos sin corresponsabilidad. Este fenómeno no solo afecta a países ricos, como Japón, Corea del Sur o Alemania, sino también a regiones en desarrollo, donde las tasas de natalidad también están cayendo más rápido de lo esperado.
En Colombia, la natalidad ha caído significativamente en la última década, con una reducción del 31% desde 2015 y un descenso del 6,6% solo en lo que va de 2025. Esta tendencia refleja transformaciones profundas en lo social, económico y cultural que hay que estudiar a fondo.
Escuchar a un hombre político no tradicional decir que el grave problema poblacional tiene que ver con el hecho de que hay menos mujeres para parir, así a secas, sin ofrecer razones sólidas sobre ese problema es una muestra más de que a nuestra sociedad le falta mucho para reconocer el estatuto pleno de humanidad de las mujeres.
Este episodio trajo a mi mente la novela El cuento de la criada de Margaret Atwood, pues en esta obra distópica la autora muestra un mundo, que tal vez este cerca, donde hay mujeres para parir y estas mujeres son tratadas como ganado fino propio de un criadero con pedigrí. En algún momento de su relato la autora dice “No somos contrabando. Somos personas”
Mientras se siga hablando de “mujeres para parir” como si fuéramos ganado reproductivo, será urgente seguir sembrando memoria, dignidad y resistencia feminista.
Bogotá, noviembre 18 de 2025

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