Manuela Sáenz, la insumisa

En la conmemoración del natalicio 220 de Manuela Sáenz[1] fui invitada a hablar de esta mujer ejemplar, aunque su legado no nos haya sido transmitido.

Para situar mi exposición considero importante hacer una breve presentación del origen histórico del feminismo, del cual parto para hacer esta aproximación a la vida de Manuela Sáenz.

El feminismo como pensamiento crítico surge de una toma de consciencia de las mujeres, y de algunos hombres[2], quienes gracias a un ejercicio de introspección[3] logran entender que el rol subordinado al que la cultura patriarcal ha sometido a la mitad de la humanidad por su diferencia biológica-sexual, es una forma de opresión que les resulta intolerable.

Las primeras feministas no fueron ni las revolucionarias francesas ni las sufragistas. Ellas fueron las herederas directas del pensamiento de otras mujeres que desde tiempos remotos vislumbraron el horror del pensamiento patriarcal y dejaron escrito el malestar que sentían por ese pensamiento que les retiraba su condición de seres humanos y, más tarde de ciudadanas. Son muchas las mujeres que desde los alborez de la escritura dejaron dejaron testimonio de su desacuerdo radical con una cultura que les negaba su estatuto de humanidad. Escribir su punto de vista fue lo mejor que pudieron hacer en esos tiempos en donde la mayoría de las personas no tenía acceso a la instrucción, a la lectura y, menos aún, al debate de las ideas políticas.

Si bien, en la actualidad, hay cada vez más mujeres instruidas, no todas gozan de una ilustración que las haga libres. El poder de la cultura patriarcal es aun muy fuerte para pensar que la subordinación de las mujeres ha desaparecido.

Ahora bien, un estudio crítico feminista de la historia es aquel que sospecha de lo que los cronistas han recogido como hecho histórico o personaje histórico y trata de buscar en otras fuentes[4] lo que ha permanecido oculto por una historia contada por hombres que no pensaron, o no quisieron pensar, que las mujeres han tenido una agencia política e histórica por sí mismas y no por el hombre que tuvieran al lado. La teoría feminista, en este caso, investiga fuentes y deconstruye mitos para identificar lo que quedó oculto. Es un análisis que pone en el centro a las mujeres y las despoja de las falacias construidas por la ideología o la cultura  patriarcal.[5] El enfoque de género,  por su parte,  es una herramienta de análisis teórico que permite develar las creencias y las ideas que se han tenido sobre lo que es masculino y lo que es femenino en la cultura,  sobre la razón de ser de los roles asignados a hombres y a mujeres y los efectos que esto ha tenido en el reconocimiento de la singularidad y la agencia de las mujeres.

Teniendo este planteamiento presente, me propongo demostrar que Doña Manuela (1 797 – 1 856), como deberíamos, por respeto y honra llamarla, fue un personaje histórico de suma importancia y que su agencia fue determinante en el proceso de independencia.  Agencia que no ha sido reconocida ni valorada porque era mujer y, además, una mujer que desde muy joven rompió con el rol asignado a las mujeres por la  cultura patriarcal. Manuela Sáenz es, por lo tanto, una figura de nuestra historia de primer orden, y es una heroína para las mujeres que trabajamos cada día por la liberación de las mujeres[6].

Las aproximaciones a la vida de Manuela Sáenz como personaje histórico son relativamente recientes.  Lo que sabíamos de ella hasta hace poco eran versiones de cronistas y literatos cargadas, en su mayoría, de una visión patriarcal que no le otorgaba otro mérito que el de haber sido una de las amantes más sensuales y fogosas del Libertador. Una mujer díscola que sufría de arrebatos emocionales que empañaban la imagen del héroe andino.

En primer  lugar, la iconografía más conocida de Manuela la representa como una típica dama criolla de piel blanca, de  cabello negro recogido en un moño a la altura de la nuca. Vestida de un traje de amplio escote y atravesado por una banda anudada a un lado de su cintura con un broche redondo y amarillo, un accesorio extraño, del que, a priori, no era claro su significado. Los pintores cronistas de la época nunca la retrataron ataviada de su uniforme militar de capitana de Húsares ni de Coronela del ejército colombiano, grados que llegó a ostentar.

Por otra parte, las referencias a su vida han sido escasas y siempre ligadas a su relación amorosa con Simón Bolívar. Manuelita, un diminutivo en nada ingenuo, era quiteña, de familia criolla, estaba casada con un “médico” inglés que la doblaba en edad y fue la amante del libertador que era, por su parte, un gran seductor. Lo más destacado que ha llegado hasta nosotras sobre esta mujer, es el hecho de que ella salvó de la muerte a Bolívar un 25 de septiembre en Bogotá, cuando un comando enviado por Santander penetró en la Quita de Bolívar para quitarle el poder y la vida. La contundencia de este acto heroico fue imposible de ocultar por los cronistas de la historia y ha pervivido en la memoria colectiva, como hecho aislado y folclórico por estar protagonizado por una mujer de dudosa reputación. Al morir el libertador, la historia de Manuela es borrada intencionalmente de los anales de la historia. Así lo afirma Rosa María Grillo en su artículo sobre el análisis de cinco novelas sobre Manuela Sáenz[7]:

Intelectuales y políticos ayudaron en esta tarea, se repitieron hogueras de documentos y libros, por miedo al contagio… En Ecuador6 y Venezuelasu nombre fue borrado de la historiografía y de la memoria colectiva;…

Las citas 6 y 7 correspondes a dos fuentes que dejan muy claro las intenciones de borrar a Manuela de la historia.

  1. En su Manuela Sáenz: presencia y polémica en la historia, Mogollón y Narváez han incluido sólo dos obras de la historiografía ecuatoriana de la segunda mitad del siglo que citan explícitamente, aunque de manera fugaz, a Manuela Sáenz: Resumen de la historia del Ecuador de Pedro Fermín Cevallos, publicado en 1873, y El Ecuador de 1821 a 1875, de Pedro Moncayo, publicado en 1885 (cfr. M. Mogollón y X. Narváez, Manuela Sáenz: presencia y polémica en la historia, Corporación Nacional Editorial,Quito,1997).
  1. En el primer centenario del nacimiento de Bolívar, el entonces presidente de Venezuela Antonio Guzmán Blanco ordenó quemar las cartas de Bolívar a Manuelita, para que Daniel Florencio O’Leary no pudiera utilizarlas en la biografía que estaba escribiendo (D. F. O’Leary, Memorias del general O’Leary, vols. 32, Presidencia de la República, Caracas, 1879-1888); en 1949 Augusto Mijares, ministro de educación de Venezuela, mandó arrojar al fuego las Memorias de J. B. Boussingault, que había dedicado a Manuela un capítulo entero.

Al respecto agrega  Víctor W. Von Hagen. [8]

Manuela Sáenz, por decisión de los historiadores, tuvo que hacer sitio al mito. Se suprimieron oficialmente todos los detalles de su vida, desaparecieron los documentos que la mencionaban […] durante más de medio siglo, los historiadores mantuvieron un acuerdo de caballeros: Manuela no debía ser mencionada nunca.

Al no poder desaparecerla totalmente, la redujeron al único rol que la cultura patriarcal le podía permitir y ese es el mito que sobre ella persiste 220 años después; el de la amante, sensual, voluptuosa  y un tanto alterada del libertador.  No obstante, en las últimas décadas se han realizado innumerables estudios que han permitido identificar  la dimensión histórica y política de esta mujer ejemplar. De igual  manera, los acercamientos desde una perspectiva feminista son aún más recientes.

No puedo dejar de decir que a pesar de los muchos estudios valiosos y la recuperación de fuentes de primera y segunda mano de las últimas décadas la imagen de Manuela Sáenz no ha cambiado ni un ápice en el imaginario colectivo. Los cronistas y comentaristas de la historia se siguen solazando con esa imagen de objeto sexual que tanto les seduce.

UNA EXISTENCIA SINGULAR

Manuela nació en Quito en 1795. Era hija de una adinerada familia criolla; entiéndase, una familia de origen español, pero manchada por la tierra, como se decía en aquella época a las personas que no habían nacido en la península ibérica. Su madre se lió en amores con un español peninsular que ya estaba casado con una dama de Popayán, de esa relación nació Manuela, hija ilegítima, por lo tanto no bautizada, y marcada desde la cuna como diferente e inferior. La madre de Manuela murió cuando ella tenía un año[9].  Al poco tiempo el padre la internó en un convento para que recibiera la educación otorgada a las mujeres de elite en aquel entonces; las monjas pretendieron enseñarle a ser buena mujer, es decir, sumisa y abnegada. Manuela aprendió a bordar, a tejer y a hacer dulces y confituras, algo que despreciaba, pero que al final de su vida le iba a permitir sobrevivir. Dicen, aunque hay versiones que lo  niegan, que se escapó del convento siguiendo a un  joven del que se había enamorado. Puede que sea verdad o mentira, lo cierto es que Manuela no soportó el encierro ni las enseñanzas conventuales.  Desde entonces, quedó al cuidado de su padre y de la esposa de éste, que, como es costumbre en la cultura patriarcal, recibió y crió la descendencia extramatrimonial del marido.

Es fácil deducir que en esa estructura piramidal y discriminante que instauró la Colonia en América, Manuela se construyó como un sujeto fuera de lugar, una excluida. Tenía bienes materiales, pero no legitimidad. Para una mente inquieta como la suya, esto fue un detonante de su personalidad y de la rebeldía que supo encontrar en las ideas ilustradas e independentistas una oportunidad para  legitimarse  y pertenecer a una nueva sociedad donde sus marcas de nacimiento no importaran. Romper con las cadenas sociales y los roles de género se constituye en un acto de libertad admirable y riesgoso en un mundo cerrado y pacato como el de la Colonia. Esta mujer hizo algo que resultaba inadmisible, se negó a reprimir su sexualidad, se escapó con su novio antes de cumplir los 20 años. Para poner fin a estos arrebatos temerarios su padre decidió darla en matrimonio a un comerciante inglés mucho mayor. Mr. Thorne[10] no se fijó en las veleidades de la joven, sino en su juventud, su vivacidad y sin duda, en su dote. Es posible que Manuela, como muchas otras mujeres cautivas, haya creído que el matrimonio era un pasaporte a la libertad, pero pronto se dio cuenta que no lo era y en su búsqueda infructuosa para darle un sentido y una dirección a su vida, descubrió las ideas ilustradas e independentistas de los patriotas.

Para ese entonces, ya estaba instalada en Lima con su esposo y, como lo afirma ella en su correspondencia, se aburría soberanamente con el señor Thorne. Fue en esta ciudad donde empezó a frecuentar salones y a participar activamente en las tertulias que organizaban las damas criollas que apoyaban el movimiento patriota. Una de ellas, Rosa Campuzano, fue muy importante en su formación política. Estas mujeres trabajaban arengando en favor de la causa, distribuyendo propaganda y realizando actividades de espionaje. La capacidad de convencimiento de la joven quiteña de 25 años era muy grande, a tal punto que logró convencer a su medio hermano José María; quien era miembro del ejército realista y tenía a su mando el batallón Numancia; de abandonar las filas realistas y pasarse del lado patriota con toda su tropa. Manuela Sáenz entregó todos sus bienes materiales a la causa libertaria, con su dinero se compraban pertrechos, comida y todo lo que la tropa necesitara.

Por su trabajo en apoyo al ejército patriota Manuela, Rosa y otras mujeres (112 seglares y 32 monjas) fueron condecoradas con la Orden del Sol creada por el otro gran libertador: José de San Martin[11]. La banda que  atraviesa su torso en el retrato realizado en el siglo XX por un pintor de apellido Salas es esa condecoración que ella llevó siempre con orgullo.

El 11 de enero de 1822, una vez independizado Perú, el general José de San Martín, con el asesoramiento de su ministro don Bernardo Monteagudo, expidió el Decreto Supremo que creó la Orden del Sol del Perú y asignó la imposición de dicha banda condecorativa a las mujeres que hubiesen contribuido ostensiblemente a la causa independentista. Fueron condecoradas ciento doce seglares y treinta y dos monjas con el grado de Caballeresas del Sol. Entre las primeras se encontraban las marquesas de Torre Tagle, Casa Boza, Castellón y Casa Muñoz, así como Rosita Campuzano, la guayaquileña que fuera compañera de José de San Martín; y, desde luego, la más notable de todas las caballeresas, Manuela Sáenz y Aizpuru.

No hay  nada más seductor para una persona rebelde y contestaría que otra igual. Es por esto que el encuentro de Manuela y Simón fue determinante para los dos. Se conocieron en la entrada triunfal del libertador a Quito, acto que ella había preparado con otras gentes que apoyaban la causa Patriota. Ella tenía 27 años y él 39, la empatía fue inmediata, ella era tan culta como él, tan brillante en la disertación política como él, incluso más apasionada, visionaria y atrevida como lo afirma el mismo Bolívar en su correspondencia. Muy pronto se dio cuenta de las divisiones que se gestaban en el campo patriota y no dudó en alertarlo. Sus capacidades políticas y de estratega militar fueron reconocidas tanto por El libertador como por Sucre, quien la admiraba profundamente. Manuela participó activamente en las  batallas junto a personajes de la talla de  Sucre y, según se reconoce en diversas fuentes, su ejercicio militar fue determinante en la victoria en la batalla de Ayacucho. Manuela era una excelente jinete desde niña, sí no cómo podría entenderse de otra manera, sus continuos desplazamientos por toda la geografía andina, a la par que el ejército patriota. También sabía manejar armas y tenía un arrojo impresionante en las batallas a las cuales iba con su correspondiente uniforme militar. Por reconocimiento a su valentía, Sucre sugiere al libertador darle cargo de Capitana de Húsares del ejército colombiano, después de Ayacucho llegó a tener el título de Coronela del ejército de Colombia. Es  por esto que haber recogido su nombre como la amante del libertador es una reducción histórica imperdonable así como el hecho mismo de llamarla Manuelita.

En el caso de Manuela Sáenz como en el de otros personajes históricos femeninos, el problema no radica en la importancia que tuvieron en  su tiempo, es evidente que Manuela fue reconocida en el periodo independentista como un  gran personaje, es por esto que en torno a ella se tejieron múltiples leyendas que se quedaron en la tradición oral y que gracias a ellas, se hizo necesario hacer la búsqueda historiográfica. Es verdad que fue su relación con el libertador la que nos ha permitido tener noticias de esta gran mujer y develar su verdadera identidad.[12] Pero, lo que no se ha reconocido hasta ahora es que Manuela fue una mujer en búsqueda de libertad, tanto en su vida personal como en su vida política. Su deseo profundo de unirse a la causa patriótica con el ideal de fundar una patria grande y libre donde ella tuviera su lugar, el que ella quería, el que ella sabía que le correspondía es la prueba más evidente de su sentido de la libertad y la justicia.

Los estudios recientes de sus escritos permiten apreciar hasta donde esta mujer fue avanzada para su tiempo. Manuela conocía el saber de su tiempo, hablaba inglés y francés, conocía a fondo a los filósofos occidentales, sabía bailar y cantar y, tal vez lo más destacado, era una mujer que escribía, llevó un diario desde muy joven y escribió hasta que la sorprendió la muerte.  Estableció correspondencia escrita con muchos personajes de su tiempo. Al leer sus diarios y su correspondencia, es posible deducir que la relación que tenía con sus esclavas, Nathan y Jonathan, mujeres que la acompañaron desde niña, no era una relación de ama y esclavas, sino, más bien, una relación de amistad, de complicidad y compromiso político común. Nathan y Jonathan eran también patriotas, al igual que ella estaban en búsqueda de un lugar para ser libres, trabajaron como espías y en apoyo militar a la causa patriota. Ellas  le habían enseñado sobre medicina natural, e incluso sobre la rebeldía cimarrona.  Para este punto es muy interesante conocer el trabajo de Michel Handelsman[13] sobre la novela de la escritora ecuatoriana Argentina Chiriboga[14] quien recupera la memoria de estas mujeres negras que oficialmente eran las esclavas de Manuela, pero por sus propios testimonios y los de contemporáneos, eran en verdad sus hermanas, su familia, la única que tuvo.  Una de ella la acompañó y murió con ella en su destierro en el puerto de Paita, en Perú.

La relación con Simón Bolívar solo duró 8 años, sus encuentros fueron pocos y cortos, lo que nos permite inferir que la relación erótica, que sin duda existía, no era el elemento fundamental. O visto de otro modo, que la  pasión que los unía no era solo de orden físico, sino algo más fuerte y espiritual como se puede evidenciar en la correspondencia que existió entre los dos. La última carta que Simón le envía la escribe en estado agonizante y en ella le suplica que venga a su lado. Por su parte, Doña Manuela, en su destierro de Paita le siguió escribiendo hasta su propia muerte.[15]  La pasión que los unía tenía que ver con ese proyecto político de la patria grande de América como ella lo afirma tan categóricamente.

A finales de 1830 cuando el libertador abandona Bogotá derrotado, Manuela queda a manos de sus contradictores, es degradada y desterrada por Francisco de Paula Santander, su más grande enemigo. Huye a  Ecuador, pero igualmente, el presidente Rocafuerte, que ve en ella un peligro para sus intereses políticos,  la destierra y la envía al puerto de Paita en el norte del Perú. Manuela vive allí por 26 años. Hasta ese remoto lugar llegan personajes de gran importancia como Garibaldi, el rebelde italiano o Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, todos ellos con el ánimo de conversar con una mujer que respetan y cuya palabra les es importante. En Paita doña Manuela vive con extrema modestia, además de hacer y vender dulces y confituras, trabaja como traductora para los navegantes que llegan allí de todas partes del mundo. Ella escribe en su diario que espera con impaciencia la llegada de los barcos con la esperanza de que en ellos venga gente interesante cargada de noticias para informarse sobre los acontecimientos del mundo.  En uno de esos barcos llegó un día un marinero infectado de difteria, ella lo recibió en su casa, y junto a sus hermanas, hizo lo de siempre, tratar de curarlo, pero esa vez no lo logró.  Manuela y Jonathan se infectaron  y murieron también.  En aquel tiempo las personas que morían de este mal eran quemadas y enterradas en una fosa común, sus pertenencias y su casa fueron  incinerada para evitar el contagio.  El archivo personal de Bolívar, que ella había custodiado durante casi 30 años, es rescatado antes de desaparecer  en el fuego; muchos de esos documentos se encuentran en archivos nacionales, en colecciones privadas, otros aún están perdidos.

Con esta apretada síntesis sobre algunos aspectos de la vida de Manuela Sáenz he pretendido demostrar que es un personaje histórico de la misma talla de los próceres hombres que conocemos. Que no se hace rebelde porque se enamora del libertador, se enamora de él porque comparten un proyecto político por el cual están dispuestos a entregarlo todo y en la misma medida.

Es posible que hayan existido muchas mujeres como Manuela, y es posible pensar que sin el trabajo y la entrega de esas mujeres, la historia tal vez sería otra. Podemos decir que el proyecto ilustrado de la Modernidad en América fue un retroceso, no un avance hacia la igualdad, la equidad y la democracia. Pero, para estos personajes en su contexto fue el canal de una rebeldía y una lucha que destruyó el poder opresor de la Corona Española en América. Tanto para Bolívar como para Manuela significó la entrega de sus vidas. El murió en Santa Marta en 1830 a los 47 años. Ella en Paita 26 años después, tenía 61 años, estaba parapléjica, pobre y en la más absoluta soledad, solo acompañada por sus hermanas negras, sus perros, a los que dio el nombre de los enemigos de Bolívar, lo que prueba su capacidad de ironía y humor, propios de una inteligencia brillante.

CONCLUSIONES

El acercamiento desde la teoría crítica feminista a la vida de Manuela Sáenz permite recuperar un personaje  de primer orden para la historia de América Latina y para la historia de las mujeres latinoamericanas. De igual forma, nos permite develar cómo funcionan los dispositivos culturales cuando se proponen desvirtuar la realidad histórica para ofrecernos una Historia  “oficial” que solo toma de los hechos históricos que le conviene y desecha aquello que puede ser “peligroso” para sus propósitos políticos.

El enfoque de género nos permite afirmar que Manuela Sáenz, como muchas otras mujeres,  realizó una agencia tanto en el proceso de liberación de América Latina como en el proceso de liberación de las mujeres de América Latina; entendiendo agencia como un ejercicio político que busca reposicionar al sujeto oprimido, invisibilizado o subordinado, en este caso el sujeto americano y el sujeto mujer. De igual forma, podríamos considerar el sujeto mujer negra como lo plantea Luz Argentina Chiriboga.

Su agencia política se equipara a la de los hombres patriotas, y su agencia feminista, aunque como en otros casos, no la hizo partiendo de una teoría conocida, es evidente que fue feminista puesto que es clara su determinación de romper con el estereotipo femenino patriarcal y  con su imposición más profunda, la represión de su propia sexualidad.

Es por esto que podemos decir que Simón Bolívar fue el amante de Manuela Sáenz, no lo contrario, ella era la que estaba casada, no él. Por otra parte, y como consta en la correspondencia salvada de la hoguera, la agencia de Manuela en las decisiones del libertador y de los patriotas fue extensa y determinante.

Además, es factible afirmar que su búsqueda de singularidad humana hizo que muchos de sus comportamientos y actuaciones fueran distorsionados con el fin de destruirla históricamente: el hecho de que fuera fuerte, usara uniforme militar y fumara tabaco ha sido leído como un comportamiento varonil,  un marimacho, no como el comportamiento de una persona libre, capaz y decidida. Nada se dice de su comportamiento cariñoso, compasivo, hacia los demás y en espacial hacia Bolívar. Su profunda intuición y su capacidad visionaria que le permitía reconocer en otros las malas intenciones, la mentira y el engaño, fueron leídas como el comportamiento de una loca, incluso por el mismo Bolívar, quien la llamaba mi amada loca. Al quitarle a Manuela esos estereotipos patriarcales con los que ha sido leída, encontramos una figura potente, iluminada, una mujer libre como libre se puede ser en esta vida.

El gobierno de Venezuela hizo una búsqueda exhaustiva para recuperar los restos de Manuela Sáenz, éstos reposan “simbólicamente” en el mausoleo al lado de los del libertador, también le fue devuelto su grado de Coronela del ejército, esta vez, venezolano.

El poeta Pablo Neruda en los años 50 viajó a Paita para conocer la tierra donde ella había terminado su vida, su tristeza fue profunda al no encontrar ni un solo rastro de Manuela, desde allí escribió La insepulta de Paita, elegía de un valor poético y moral extraordinario,  pero ni ese poema escrito 100 años después de su desaparición ha sido valorado por unos literatos y cronistas insolentes.

[1] Así la llamó Nela Martínez Espinoza, política, escritora y luchadora social  ecuatoriana, primera mujer que fue diputada en ese país, fallecida en 2004 a la edad de 92 años, dedicó mucho tiempo a  recuperar la figura de Manuela

[2] John Stuart Mill  (Londres, 20 de mayo de 1806-Aviñón, Francia, 8 de mayo de 1873) fue un filósofo, político y economista inglés de origen escocés, representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo, planteamiento ético propuesto por su padrino Jeremy Bentham, que sería recogido y difundido con profusión por Stuart Mill. Harriet Taylor Mill (Londres, 8 de octubre de 1807 – Aviñón, 3 de noviembre de 1858) fue una filósofa inglesa del feminismo, luchadora por los derechos humanos. Su segundo esposo fue John Stuart Mill, uno de los pensadores preeminentes del siglo XIX. Sus escritos pueden ser encontrados en The complete works of Harriet Taylor Mill.

[3] La introspección (del latín « «introspicere» (mirar en el interior) ») o inspección interna designa la idea de « mirar al interior ». Se trata del conocimiento que el sujeto pueda adquirir de sus propios estados mentales, o sea designada la situación, para un sujeto dado, de observarse y analizarse a sí mismo, interpretando y caracterizando sus propios procesos cognitivos y emotivos

[4] Los diarios y la correspondencia femenina, incluso la tradición oral y popular.

[5] Un ejemplo de esto es la historia de las brujas medievales o el de las diosas griegas desplazadas por los dioses del Olimpo.

[6] No se ha hecho un estudio desde la teoría crítica feminista de su pensamiento consignado en sus diarios y su correspondencia. Los diarios perdidos de Manuela Sáenz y otros papeles. Recopilación de Carlos Álvarez Saa, Fica, Bogotá 2005.

[7] MANUELA SÁENZ ANTES Y DESPUÉS DE BOLÍVAR Rosa María Grillo Universita degli Studi di Salerno

[8]  V. W. Von Hagen, La amante inmortal, Diana, México, 1972, p. 333.

[9]La madre de Manuela falleció el 25 de enero de 1796 como consta en el Libro de Defunciones N6. Folio 15, de la parroquia El Sagrario, en Quito.

[10] Hay evidencia en distintos estudios de que Mr. Thorne no era ningún médico, sino un comerciante que tenía negocios con el padre de Manuela y que, como extranjero, no obedecía a las lógicas de la Colonia española.

[11] Evaristo San Cristóbal, Manuela Sáenz, La Libertadora del libertador, Lima, s.e., 1958, p.12

[12] El haber creado la orden de las Caballeresas del Sol deja ver claramente la importancia de las mujeres en la gesta independentista, incluso de mujeres que pertenecían a órdenes religiosas. Hay evidencia también de mujeres que se vestían de soldados para no ser identificadas como mujeres, muchas fueron descubiertas al morir o ser heridas en el campo de batalla.

[13] Jonatán y Manuela: Lo afroecuatoriano como discurso alternativo de lo nacional y lo andino*

[14] Chiriboga, Luz Argentina. Jonatás y Manuela. Abrapalabra editores, 1994.

[15] HEATHER HENNES Los “diarios perdidos” de Manuela Sáenz y la formación de un ícono cultural. Department of Foreign Languages and Literatures Saint Joseph’s University, USA